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sábado, 6 de octubre de 2007

LA LOGIA LAUTARO Y LA REVOLUCION AMERICANA

La tan nombrada Logia Lautaro, fué una creación del "precursor de los precursores" Don Francisco de Miranda y Rodriguez, nacido en Caracas Venezuela en el año 1750.
Hijo de buena familia de mercaderes criollos, tuvo una vida difícil, tratando de demostrar siempre a la corona española la pureza de su sangre y de sus acciones. Su padre y su familia fueron injustamente discriminados y perseguidos hasta su ruina por sus ascendencias canarias. Envuelto en miles de persecuciones por parte de la Inquisición, sus ideales y deseos de justicia social lo condenaban a una vida de grandes sacrificios, pero tambien grandes recompensas.
Uno de los hombres más ilustrados de su época en todo el mundo, se hizo amar por ello hasta por la Zarina Catalina. Cultivó amistades en Inglaterra, Rusia, Francia, Estados Unidos, Italia, Hungría y en todos los países que pisaron sus pies hubo un acaudalado que le habrió sus puertas para protegerlo de quienes perseguían sus ideas.
No dejaba de hablar de las igualdades entre las personas, en el siglo XVIII fué el primero en hablar del voto femenino y la capacidad de las mujeres en la política. A dónde iba narraba las crueldades y atrocidades a las que España y Portugal habían sometido a los pueblos indígenas de Latinoamérica, hablaba de la peor crueldad de todas: el exterminio de la identidad cultural.
Atraído por sus amistades en los Estados Unidos, se une a la masonería pues, reflejaba sus ideales de libertad, tolerancia y fraternidad. Una vez que se inicia en la Augusta logia de Filadelfia, decide seguir su propio camino regresando a Europa.
Defensor del libre pensamiento, participó en la Revolución Francesa, donde se inscribió su nombre en el Arco del Triunfo. Participó tambien en la revolución libertadora de los Estados Unidos, envidiando su independencia quiso instaurar "Los Estados Unidos del Sur" al que denominó Columbeia o Colombia. Soñaba con una gran Nación que uniera a todo el sur.
Una vez en Gran Bretaña, admirador de Voltaire, se reune con otros francmasones y funda "La gran reunión Americana" y luego "Caballeros Racionales".
En estas reuniones Miranda conoce al jóven O'higgins que se convierte en uno de sus discípulos. El chileno le cuenta una vez la historia del Cacique indígena araucano Lautaro, que logró reconquistar sus tierras y liberar su pueblo de las manos del Dictador Chileno Don Pedro Valdivia, sacrificando su vida por la libertad de su raza. Admirado por semejante historia y tratando de emularla, funda así Francisco de Miranda la Logia Lautaro en Cádiz en 1811, de los libres pensadores. Esta Logia en poco tiempo tuvo sedes en muchas ciudades europeas, convirtiéndose en la de mayor importancia.
Fueron muchos los sudamericanos, que allí se iniciaron como masones, entre ellos : los venezolanos Santiago Mariño, Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolivar. De Argentina Puyredon, Alvear, Tomás Guido y San Martín. Nariño de la Nueva Granada, Morazán del Salvador. José Miguel Carrera, el padre José Cortes de Madariaga y O’higgins de Chile. El sacerdote paraguayo Juan Pablo Fretes, el italiano Franco Isnardi, el mexicano José María Caro y tantos otros, que seria una lista muy extensa de enumerar.
Todos estos jóvenes, de la mano de Francisco de Miranda, abrazaron y juraron con devoción y entusiasmo patriótico, cumplir con los preceptos, que promulga la Masonería: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, para luego partir, cada uno a su patria, a emprender sus respectivas gestas, que culminaron con la liberación e Independencia de toda la América.
De no haber sido, por que Miranda sembró en los corazones de todos estos jóvenes, la semilla de libertad, y los preceptos de esta augusta orden, difícilmente, se hubiese podido realizar, una empresa libertaria de esa magnitud, con alguna posibilidad de éxito.
Es por ello que es importante conocer, no solo la gloriosa carrera militar de Miranda, y reconocerlo como el precursor de la independencia de nuestro continente, si no también darse cuenta que si Miranda no hubiese derramado el bálsamo que contiene los cocimientos masónicos sobre todos estos jóvenes, otra hubiera sido la historia para todos nosotros.
Entre vaivenes de los ortodoxos masones ingleses, es que toman conocimiento Miranda y sus discípulos del Plan Maitland, un rebuscado plan inglés para darle un golpe a España. Así es que a Sir Thomas Maitland se le ocurrió el brillante plan de invadir las costas de Buenos Aires y Montevideo.
Por éstas razones, parte la orden a los jóvenes masones de partir a la defensa de América.
Pero La Logia Lautaro... ¿Era una entidad masónica o simplemente una agrupación de revolucionarios cubiertos por el ritual y protegidos por el secreto y la obediencia de las entidades masónicas? Aún se discute. Pero lo cierto es que San Martín prestó juramento de perpetua obediencia, secreto y lealtad con el ceremonial de las logias secretas que, junto con otros masones, fue enviado a Londres, donde allí embarcaría en la fragata Canning, junto a dos militares compatriotas y compañeros de logia: los nombrados Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola, hacia Buenos Aires.
Treinta y cinco años tenía al pisar, aquel 9 de febrero de 1812, nuevamente el suelo de la patria que abandonara 28 años atrás. Había pasado su juventud en España, la tierra de sus padres, sirviendo en el ejército del rey. Pero este hijo de un capitán español, nacido por accidente en las Misiones correntinas, amaba el suelo que lo vio nacer con una intensidad que pocos pueden disputarle en nuestra historia. Tal vez fue por ese mote, "el americano", que le pusieron sus compañeros en el Colegio de Nobles de Madrid: era despectivo, pero él lo reivindicó como título de honor.
Los masones ortodoxos decían que la Logia Lautaro no era masónica, pues que allí sólo se discutían temas relacionados a las revoluciones americanas, pero siempre lo hacían siguiendo los preseptos que dicta la masonería, cuidando de sus símbolos, secretos y rituales, respetando el libre pensamiento universal y sobre todo con gran sentido de protección del indefenso y fraternidad. Con estas premisas sin duda masónicas, se lanzaron a lo que creían les dictaban sus normas, la lucha por la igualdad, la libertad y la justicia social... instaurando en toda latinoamérica la semilla masónica que hasta hoy vive.
Arribaron a Buenos Aires en marzo, encontrando a los revolucionarios profundamente divididos. El Primer Triunvirato expresaba el proyecto político y económico de los grupos mercantiles porteños. La oposición se había nucleado alrededor de una de las figuras más interesantes y menos conocidas de la revolución hispanoamericana, Bernardo de Monteagudo, líder de la Sociedad Patriótica, seguidor de los ideales de Mariano Moreno.
La revolución del 8 de octubre de 1812 había sido obra del pueblo de Buenos Aires (del auténtico pueblo de Mayo), conducido por San Martín, cuando todavía Logia, Pueblo y Patria eran cosas semejantes. Ese día, las tropas de San Martín y otros cuerpos militares se hicieron eco del descontento popular y derrocaron al Primer Triunvirato, reemplazándolo por otro afín a las ideas de la Logia y la Sociedad Patriótica, compuesto por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez Jonte.
Instaura así San Martín La Logia Lautaro en la Argentina atrayendo a buena parte de los miembros de la Sociedad Patriótica, que terminaría disolviéndose en enero de 1813.
No se conservan los estatutos de la Logia, pero se conoce su funcionamiento gracias a dos fuentes. Una es la infidencia de Zapiola a Bartolomé Mitre; la otra es una copia del estatuto de la filial chilena, de puño y letra de Bernardo O'Higgins, seguramente muy similar a su versión argentina.
Sus reglas disponían que los hermanos elegidos para una función militar, administrativa o de gobierno debían hacerse asesorar por el Consejo Supremo en las resoluciones de gravedad, y no designar jefes militares, gobernadores de provincia, diplomáticos, jueces, dignidades eclesiásticas, ni firmar ascensos en el ejército y marina sin previa anuencia de los llamados Venerables del Último Grado. Estos miembros venían a ser, ni más ni menos, el verdadero gobierno secreto del país. Era la ley primera "ayudarse mutuamente, sostener la logia aún a riesgo de la vida, dar cuenta a los venerables de todo lo importante, y acatar sumisamente las órdenes impartidas". En caso de contrariar a la logia, la persecución y el desprecio lo perseguirían de por vida.
El segundo Triunvirato llamó a una Asamblea General Constituyente, que debía ser plena representación nacional, a fin de declarar la independencia nacional y sancionar una constitución: para que "vote y decrete la figura con que debe aparecer (la Patria)
en el gran teatro de las naciones", decía la circular del 24 de octubre invitando a la elección de diputados.
Pero la Asamblea no declaró la independencia, ni sancionó una Constitución. Ni fue tampoco un "cuerpo nacional". Algo se introdujo en la Logia Lautaro para torcer, una vez más, el curso de la Revolución. La oligarquía desplazada el 8 de octubre rodeó al joven Carlos María, de Alvear, compañero de San Martín y 2º jefe de Granaderos, alentando sus ambicianes políticas y las de su círculo. Alveár les abrió las puertas de la Logia a Rivadavia, Manuel José García, Valentín Gómez y todos los desplazados, para contrarrestar las influencias de San Martín y los auténticos patriotas. Desde ese momento se perdió la Logia Lautaro como instrumento de liberación.
San Martín fue alejado, o se alejó, de las actividades políticas, pero como no podía ser expulsado y el juramento masónico es irrenunciable, "lo durmieron". Y la nueva Logia preparó las elecciones para dominar la Asamblea.
Mientras San Martín, alejado por los nuevos orientadores de la Logia, tomaba el comando del ejército del Norte primero, y la gobernación de Cuyo después; mientras Artigas consolidaba la autonomía de la Provincia Oriental, embrión de su futura Liga de Pueblos Libres; la Asamblea de Buenos Aires realizaba su obra, tan exagerada o tergiversada por nuestra historia olígárquica.
El 1º de junio es el infame día en el que la Asamblea rechazó los poderes de los diputados orientales por supuestos vicios en la forma de elección. En esa discusión se fueron los meses; Artigas, irritado, retiró a sus tropas del sitio de la plaza realista de Montevideo el 20 de enero de 1814.
En el Congreso se repetía la división que había surgido dentro de la Logia Lautaro con respecto a la necesidad de declarar la independencia. Entre bambalinas, San Martín y Belgrano eran sus dos adalides. Ambos incluso tenían una teoría de cómo debía ser la forma de gobierno. Como casi todos entonces, pensaban en una monarquía constitucional, pero le agregaban un condimento extra: el monarca debería ser un descendiente de los emperadores incas.
La independencia fue declarada por fin el 9 de julio de 1816. Simultáneamente, se acercaba la hora de la liberación de la patria de Lautaro.
A comienzos de 1817 se produjo el cruce de los Andes por parte del ejército argentino - chileno. En febrero las armas revolucionarias obtuvieron una importante victoria en Chacabuco y entraron en Santiago. Apenas era 12 de marzo de 1817 cuando se fundó la filial chilena de la Logia Lautaro. Sus cerebros eran Bernardo O'Higgins y José de San Martín, y otros miembros destacados eran Tomás Guido, José Antonio Balcarce, José Ignacio Zenteno, Juan Gregorio Las Heras, Ramón Freire, Manuel Blanco Encalada, Miguel Zañartu y Ramón Arriagada.
Ya en Chile, una vez afirmada su independencia con la victoria de Maipú en 1818, llegaba la última parte del plan: el ataque a Perú, en movimiento de pinzas coordinado con los ejércitos de Bolívar operando desde el norte. Es en ese entonces que San Martín recibió una orden de la Logia de Buenos Aires: retornar con su ejército para aplastar las sublevaciones de los caudillos del Litoral, Estanislao López y Francisco Ramírez. El Libertador se negó, en sus propias palabras, a "derramar sangre de hermanos". Sometida a votación su renuncia en Rancagua, el Estado Mayor del Ejército de los Andes, el 26 de marzo de 1820, resolvió a la vez rechazarla y desobedecer la orden del gobierno de Buenos Aires.
Esta decisión fue fatal para el Directorio porteño. Puede decirse que, a la vez, implicó el cumplimiento de la finalidad originaria de la Logia Lautaro y la condenó a la desaparición.
Seguiría a ello la disolución de la Logia y décadas de guerra civil en las Provincias antiguamente Unidas.
Así para el General san Martín, al igual que tantos otros revolucionarios, el premio por una vida sacrificada al servicio de los demás... fué el exilio.
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BIBLIOGRAFÍA-FUENTE:
"FRANCISCO DE MIRANDA. PRECURSOR DE LAS INDEPENDENCIAS DE LA AMÉRICA LATINA" de Carmen L. Bohórquez Morán.
"EL REVISIONISMO RESPONDE" de José María Rosa.
"LA QUINTA DIMENSIÓN"
"LOS ARQUITECTOS"
"FENIX"
"LA GRAN LOGIA"
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Gracias a la colaboración del Q.H.: W.P.V.